República Dominicana 2004

13 de mayo, 2018 - República Dominicana 2004 - Comentar -

En el verano de 2004 me surgió la oportunidad de viajar por primera vez fuera de Europa, en concreto a República Dominicana, solo había subido en avión en una ocasión. No las tenía todas conmigo, el miedo a salir de tu zona de confort , viajar a un lugar tan diferente, un destino tan lejano, en definitiva no tenía claro si iban a ser unas buenas vacaciones de verano. En aquellos años no teníamos la información que tenemos hoy día, internet, telefonos móviles, etc., solo podías guiarte con lo que te contaban en las agencias de viaje o en las opiniones de amigos que habían estado en el lugar, las cuales no te erán de gran ayuda, ya que ninguna de ellas se ajustó a lo que luego fué mi realidad. 

Como casi todo el mundo, nuestro primer paso fué ir a diferentes agencias de viajes e informarnos del destino, hablo en plural, ya que este viaje lo realicé con mi amigo Sergio. La falta de experiencia y nuestra situación económica del momento, hizo que fuesemos dejando el tema aparcado, para decidirlo más adelante. Cual fué nuestra sorpresa que cuando por fin nos decidimos a reservar el viaje, nos comunican en la agencia que era tarde, no habían plazas, habíamos tardado mucho en decidirnos. Dicha situación nos produjo cierta rabia, pero al mismo tiempo cierto alibio, ya que como decía antes teníamos ciertos temores a dar el paso de viajar a este destino.

 Tras dicha situación, procedemos a cambiar de planes y finalmente decidimos viajar a Oporto (Portugal) y dejar para otro año este proyecto.

 Llegaron nuestras ansiadas vacaciones y emprendemos viaje a Oporto, olvidando por completo el viajar a República Dominicana. Cual fué nuestra sorpresa que estando en nuestro destino, recibimos una llamada telefónica de la chica de la agencia de viajes, a la cual le habíamos dado tanto la paliza y nos comunica que había salido una oferta de última hora, pero que teníamos que salir en tres días, nos miramos a la cara y sin mediar palabra recogimos nuestras cosas, nos subimos al coche e iniciamos camino de regreso a casa para cambiar de maletas y plantarnos en tres días en Madrid para subir a ese avión.

 



Día 1 - Tras nueve desesperantes horas de vuelo, por fín habíamos llegado a nuestro destino, "Punta Cana". Nuestro primer impacto fué el ver esas chozas con techo de hojas de palmera, era la terminal de llegadas del aeropuerto, no dabamos crédito a lo que veíamos y sobre todo lo más impresionante, fué el terrible calor que hacía cuando bajamos del avión.

 Tras efectuar los trámites de entrada al país, un autobus nos desplazó hasta nuestro hotel, el "GRAND PALLADIUM BÁVARO" . El recorrido fué de unos 25 kms. apróximadamente, durante el camino, no podía apartar mi mirada de lo que veía tras la ventana de aquel autobus, casas que casi no se mantenían en pie, construidas de ramas, maderas y materiales endebles, personas con ropas viejas, niños descalzos bajo un calor sofocante, carreteras impracticables suciedad, pobreza y desolación, aunque eso sí, el paisaje era espectacular, el verde era el color predominante. Sensaciones contradictorias se apoderaron de mi.

Llegamos al hotel, el cual disponía de unas habitaciones muy amplias y todo tipo de servicios, era la primera vez en mi vida que estaba en un hotel de este tipo, me pareció espectacular. El personal fué tremendamente simpático, servicial y educado, impresionantes todas aquellas personas que allí trabajaban, solo tengo palabras de agradecimiento hacia ellos, totalmente recomendable.

 

 Tras tantas horas de viaje nos dispusimos a retirarnos y descansar, para así empezar al día siguiente nuestra estancia en República Dominicana.

 

Día 2 - Tras un merecido descanso y un buen desayuno, fuimos citados por nuestro touroperador para proporcionarnos todos aquellos consejos necesarios para nuestra estancia, a continuación dejo un enlace www.puntacanaweb.net., donde podéis encontrar todo tipo de información sobre Punta Cana, clima, documentación, costumbres, hoteles, playas, etc. El consejo número uno fué, "no se les ocurra salir fuera del resort por su cuenta, es muy peligroso" y el consejo número dos "haganlo con nosotros y todo irá bien", bajo previo pago, claro está. 

Nos propusieron una serie de excursiones, la seguridad tiene un precio y suele ser alto. Finalmente nos decidimos por contratar una excursión de una jornada que nos llevaría a "Altos de Chavón" e "Isla Saona" y otra "Jeep Safari", que nos llevaría a conocer las plantaciones de cañas de azucar, café y la vida rural del pais.

El hotel era una auténtica selva, preciosos jardines de vegetación tropical, el verde era el color predominante, preciosas piscinas y como no, comida, bebida y cachondeo a más no poder.

En una estancia de una semana sueles tener 2 ó 3 cenas en restaurantes temáticos, los cuales tienes que reservar, mi consejo es que no dudes ni un momento en reservarlos cuanto antes, si lo dejas para el día siguiente será casi imposible tener plaza, ya que suelen ser limitadas.

Aprovechamos el día para conocer el hotel, su playa privada, chiringuitos y como no la piscina, lugar donde normalmente se suelen hacer las primeras amistades, ya que todo el mundo va con la predisposición de pasarlo en grande, ese fué nuestro caso, conocimos a muchas personas con las que lo pasamos genial. En este tipo de viajes hay que ir con la predisposición a conocer gente.






Día 3 - "Altos de Chavón"

Tras un madrugón impresionante, subimos a un autobus el cual iba parando en diferentes hoteles para ir recogiendo turistas e iniciar así el camino hacia "Altos de Chavón". 


Historia "Altos de Chavón"

En 1976, en una exuberante meseta a 100 millas al Este de Santo Domingo, la capital de República Dominicana, comenzó a levantarse un sueño artístico construido en piedra. Miles de artistas manuales, talladores en piedra, carpinteros, herreros, diseñadores y arquitectos fueron convocados para comenzar la construcción de uno de los proyectos más atrevidos y originales nunca antes emprendidos en República Dominicana. La construcción de la réplica a tamaño natural de una ciudadela europea del Siglo XVI en medio de una de las mesetas colindantes con el rio Chavón.

La idea fue del multimillonario de origen austriaco Charles Bluhdorn, quien hizo su fortuna con la compañía Gulf Western. Bludhorn quiso hacerle un regalo de cumpleaños a una de sus hijas y encargó la construcción de esta majestuosa obra. La idea fue llevada a la realidad por el diseñador y arquitecto italiano Roberto Copa.

Seis años después de que fuera colocada la primera piedra, la obra fue terminada completamente y ahora Altos de Chavón se levanta no solo como uno de los más atractivos y exitosos centros turísticos del Caribe, sino como una vibrante comunidad donde se reúnen las más finas tradiciones artísticas y culturales de República Dominicana.

Desde que el visitante llega a Altos de Chavón se percata que está en un lugar donde el arte es rey y señor. Si caminas por sus estrechas callejuelas de adoquines, en cada rincón y a cada vuelta se aprecian detalles arquitectónicos que nos llevan a otra época, una época de sosiego, tranquilidad y meditación. Los edificios, en su mayoría construidos con materiales como las rocas de coral y la terracota, sirven de hogar a escuelas de artesanía, estudios de conocidos artistas, galerías y restaurantes.

El centro de Altos de Chavón es la Iglesia de San Estanislao de Cracovia, construida en honor al Papa Juan Pablo II. Aquí se ofician misas diariamente y en ella se han casado importantes personalidades mundiales, entre ellos el príncipe Luis Alfonso de Borbón, Duque de Anjou con la venezolana María Margarita de Vargas y Santaella en el año 2004.

Los atelieres de Altos de Chavón son pequeños centros de producción artesanal donde artistas locales crean obras en cerámica, madera y otros productos naturales de la artesanía tradicional dominicana. Aquí se pueden encontrar desde las más elaboradas tallas en madera, hasta las más coloridas alfombras y tapetes que tradicionalmente son encontrados en casas comunes a lo largo de la república. Aquí mismo , en los talleres dentro del área de Altos de Chavón, se producen las tarjetas postales, posters y camisetas pintadas que se venden a los turistas y visitantes en las numerosas tiendas de suvenires dispersas por toda la ciudadela.

Además de la hermosa Iglesia de San Estanislao, Altos de Chavón cuenta con un espectacular anfiteatro al aire libre con capacidad para 5,000 personas. Fue inaugurado en 1982 con un sonado concierto de Frank Sinatra y Carlos Santana. Aquí se han efectuado numerosos actuaciones de la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo y han actuado figuras de la talla de Julio Iglesias, Gloria y Emilio Estefan, el brasileño Sergio Mendes, el afamado jazzista Dizzy Gillespie y los grupos Air Supply, Pilobulos, la Escuela de Teatro y Danza de Harlem, entre otros muchos.

De Altos de Chavón también hay que mencionar la gran variedad de restaurantes que aquí están asentados. Comenzando por el exquisito “Casa Rio”, de comida nueva francesa, hasta la más tradicional comida mexicana en el restaurante “El Sombrero”.

La ubicación geográfica de Altos de Chavón, en medio de acantilados, un frondoso bosque tropical, y en la margen del rio Chavón, lo han favorecido para ser escenario de varias conocidas películas de Hollywood. Aquí se filmaron escenas de la famosa película ganadora del Premio Oscar “Platoon”, “Rambo”, "Apocalypse Now" o Parque Jurásico.

Altos de Chavón esta a minutos de distancia de otro de los más famosos resorts de República Dominicana, Casa de Campo, reconocido mundialmente por su espectacular campo de golf, sus playas y sus ilustres huéspedes.

Tras visitar "Altos de Chavón" continuamos de camino a Bayahive, lugar desde donde cogeríamos las lanchas y catamaranes destino a "Isla Saona". Durante el trayecto se divisan plantaciones de caña de azúcar, que además de sacar azúcar, se obtiene el ron dominicano, actividad que después de la del turismo es la que más dinero aporta al país

 El trayecto hasta la isla lo hicimos en lancha rápida, tardando unos 30 minutos. Antes de llegar a la isla, se realiza una parada en "la piscina mas grande del mundo", una alberca natural de menos de un metro de profundidad situada a 400 metros de la costa, donde se aprovecha para tomar la famosa vitamina R, nombre al que los dominicanos llaman al ron, acompañado de canapés, fruta tropical y como no bachata y merengue. El lugar es mágico, agua cristalina, azul turquesa, donde es muy fácil poder ver estrellas de mar y fotografiarse con ellas. Los guías amenizan de forma muy divertida la parada con juegos, bromas y fiesta, mientras disfrutas de un baño en un lugar paradisiaco.






Tras la parada continuaríamos hasta la isla, donde aprovecharíamos para comer y descansar en sus playas, hasta entonces no había estado en una playa tan bonita. En unas dos horas más o menos se inicia el viaje de regreso, el cual lo hicimos en un catamarán gigante que tardaría 1'30 horas aproximadamente en regresar a puerto. Durante el trayecto tienen preparada una fiesta a bordo, con bebida y musica. Esta excursión creo que es obligatoria para cualquier viajero, pasas un día genial en todos los sentidos, eso si, llegas rendido al hotel, pero vale la pena, ya que se genera una piña de buen rollo con los demás turistas y hace que hagas amistad con muchos de ellos.

Por fin llegamos al hotel, tras una ducha con agua bien fría, nos disponemos a ir a cenar, para después tomar los famosos cocteles en el lobby del hotel y recuperar fuerzas para entonces "discoteca", hasta que el cuerpo aguante.


 Historia "Isla Saona"

Situada al sur del área peninsular del Parque Nacional del Este y separada de ésta por el canal de Catuano, la isla pertenece a la provincia de La Romana y está considerada una de las más bonitas del Caribe. Casi 68 kilómetros cuadrados de playas vírgenes de arena blanca, cristalinas aguas turquesas y cocoteros, que se han erigido como uno de los paraísos naturales más codiciados del sureste dominicano.

Antiguamente habitada por los indígenas taínos, que la llamaban Andamay, Cristóbal Colón la alcanzó en 1494 rebautizándola como Bella Savonesa en honor al savonés Miguel Cunneo, quien le advirtió que no pertenecía a La Española. Sin embargo, el nombre de la isla fue derivando hacia el de Savona, para quedarse más tarde en el actual Saona. Protegida oficialmente desde 1975 y administrada bajo la Secretaría de Medio Ambiente desde el 2000, está a la espera de ser considerada como Patrimonio de la Humanidad. Bazas no le faltan.

Al ser una isla protegida, Saona no permite más edificaciones que aquellas con las que ya cuenta, habiendo dos únicos asentamientos: Catuano, destacamento de la marina de guerra ubicado en el extremo oeste de la isla; y Mano Juan, localidad principal que se sitúa al sur. Allí, un bonito pueblo de pescadores con casas de madera pintadas de color pastel, vive la mayor parte de su población y se intenta llevar recuento de todos los visitantes en su Centro de Recepción, mientras los niños esperan su llegada diaria con la expectativa de que les caiga algún caramelo.

Cuevas y senderos

Junto a Mano Juan se extiende la playa más larga de la isla, donde cada touroperador dispone de una zona privada con comedor –en cuyos bufés no escasean las langostas asadas–, más un área de descanso provista de hamacas. Claro que venir a descansar sería imperdonable… Isla Saona tiene dos senderos interesantes que recorrer. El primero discurre durante 13 kilómetros entre Punta Catuano y Mano Juan, pasando por la Laguna de los Flamencos y Punta Cacón. Allí se encuentra la Cueva de Cotubanamá, en recuerdo al cacique taíno que se refugió en ella a principios del siglo XVI, huyendo de las matanzas de Nicolás de Ovando, aunque finalmente fue capturado y ejecutado en Santo Domingo. El segundo va de Mano Juan a Punta Cruz, cubriendo 12 kilómetros y pasando por cinco cobertizos. Además, en el arrecife de Caballo Blanco que se encuentra frente a la isla, existe un galeón del siglo XVIII donde pueden observarse cañones, anclas, municiones y objetos de metal en el fondo marino. Un enclave arqueológico sumergido que no dejarán de visitar los amantes del buceo y del esnórquel.

Reserva ecológica

De las 539 especies endémicas de flora registradas en el Parque Nacional del Este, la mayor parte se encuentra en esta exuberante isla, habiendo varios ecosistemas: bosques semi-húmedos, matorrales y manglares, también llamados bosques salados. En el canal de Catuano se encuentran cuatro especies neotropicales de manglar –mangle negro, rojo, blanco y botón–, cuya riqueza no es ignorada por los cruceros que cubren las excursiones. La fauna tampoco se queda atrás, pues existen 112 especies de aves, 40 de peces, 124 de moluscos, 10 de corales y varias de reptiles y mamíferos. Destacan las tortugas marinas –carey, tortuga verde, caguama y tinglar–, las gaviotas zancudas, los flamencos y las cotorras verdes (en peligro de extinción), así como las iguanas rinoceronte, los manatíes o los murciélagos pescadores. Con un poco de suerte, durante el trayecto de ida o vuelta a la isla, el viaje puede ser acompañado por delfines y ballenas. Eso sí, ni estrellas, ni conchas, ni caracolas en los bolsillos o bolsos. La tentación es grande, pero también debe serlo el respeto hacia una de las reservas ecológicas más importantes de la República Dominicana.

 

 

 

 




 


 


 



 



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